La planificación financiera es un concepto que, si no nació allí, sí se ha usado desde hace más tiempo y de forma más eficiente en Estados Unidos y en algunos de los países más avanzados de Europa. Esos países que quizá no envidiamos por el clima o la gastronomía, pero sí por el nivel de patrimonio que suelen tener sus ciudadanos.
En España, este concepto aún no está del todo maduro. Ni siquiera se considera necesario en la mayoría de los casos, aunque suele demostrarse muy útil en cuanto la gente se acerca a él.
Por suerte, en mi experiencia cada vez son más quienes usan su dinero de forma eficiente, pero aún son pocos los que lo planifican correctamente.
Ahí es donde entra la planificación financiera y la labor de un profesional que te ayude y te acompañe en el día a día.
Todos sabemos cómo comer bien, pero un nutricionista nos ayuda a hacerlo mejor. Sabemos hacer deporte, pero un entrenador personal nos hace mejorar más rápido. Sabemos cocinar, pero en un buen restaurante comemos mejor… y así con muchas cosas.
Volvamos a las finanzas. Pensad en vuestros objetivos vitales más ambiciosos: comprar una segunda residencia en la playa o en la sierra, dar la mejor educación a nuestros hijos, jubilarnos antes… Todo ello requiere disciplina y rigor, algo que se alcanza más fácilmente con una planificación financiera adecuada y de la mano de un planificador financiero.
Pongámosle realismo y una pizca de dificultad: estos objetivos suelen concurrir en el tiempo. Me reafirmo: la planificación financiera es una necesidad.
¿Qué dice ChatGPT de una planificación financiera?
Una planificación financiera personal es un proceso estructurado que te ayuda a organizar tu dinero y tus decisiones económicas para alcanzar objetivos concretos. En términos sencillos, consiste en analizar tu situación actual, definir metas (a corto, medio y largo plazo) y trazar un plan realista y sostenible para lograrlas.
Incluye aspectos como:
- Ingresos y gastos: saber cuánto entra y cuánto sale, y ajustar el presupuesto.
- Ahorro: determinar cuánto apartar de forma regular.
- Inversión: poner a trabajar el dinero según tu perfil de riesgo y tus objetivos.
- Gestión de deudas: pagar préstamos o hipotecas de forma eficiente.
- Protección: prever seguros y fondo de emergencia.
- Jubilación y grandes metas: financiar estudios, vivienda, emprendimiento o el retiro.
- Fiscalidad: optimizar impuestos en función de las decisiones financieras.
Esta definición es impecable para un examen u oposición: técnica, ordenada y precisa. Pero deja fuera las emociones que muchas veces nos condicionan —y a las que no debemos renunciar si queremos ser nosotros mismos—.
Desde mi experiencia —9 años planificando mi vida financiera y 3 años haciéndolo de forma profesional para mis clientes—, la planificación va más allá: es parte indispensable de nuestro proyecto de vida. Habla de nuestros sueños, de lo que nos hace levantarnos cada día cuando suena la alarma a las 6, 7 u 8 de la mañana y volvemos a casa después de comer un táper. (Ojo: he disfrutado como el que más de esas comidas con compañeros en la oficina, pero todos estaremos de acuerdo en que a veces nos habría gustado comer en casa con nuestros padres, pareja o hijos… Simplemente no teníamos la posibilidad de elegirlo). ¿Y si buscamos la posibilidad de elegir?
Todas las personas necesitan planificación financiera personal. Nuestros requisitos básicos —alimentación, vestido, vivienda, salud, transporte y ocio— están ligados, para bien o para mal, al dinero.
A nivel personal, ordeno mis prioridades así:
- Felicidad y salud de mi familia.
- Mi felicidad y bienestar.
- Mis amigos, esa familia que elegimos cuidadosamente a lo largo de la vida.
Quizá no compartamos el orden, pero seguramente compartimos el podio.
Te invito a reflexionar: ¿crees que el dinero es imprescindible para mantener todo eso en buen estado?
Mi opinión es que no.
Ahora bien, ¿si tuvieses más dinero, podrías ofrecer mayor calidad a esos tres grandes objetivos?
No tengo ninguna duda —y no acepto discusión— de que la respuesta es sí.
Iré más allá: incluso en familias con alto poder adquisitivo, donde muchas necesidades parecen cubiertas, una planificación financiera mejora la forma de lograrlas.
No pondré ejemplos: prefiero que seas tú quien piense en los tuyos (si no lo estás haciendo ya).
En definitiva, para mí una planificación financiera es una manera de abordar los problemas que el dinero puede plantearte a lo largo de la vida y transformarlos en oportunidades.
Como dice una persona sabia a la que aprecio, la finalidad de una buena planificación financiera es hacer que la realidad supere a tus propios sueños.